Peregrinación por el San Petersburgo de Dostoievski

Sala:

Texto: Anna Tomàs y Alex Bolsheshalskiy

Fotos: Anna Tomàs

 

Entre las muchas acepciones del verbo “peregrinar” según la RAE, encontramos una que dice “andar de un lugar a otro buscando o resolviendo algo”. Otra gran palabra para mí (de pequeña me gustaba cada día abrir el diccionario y memorizar las acepciones de 5 palabras), es la de “síndrome”. Los hay de muchos tipos y reconozco que a menudo sufro el delicioso de Stendhal, pero yo siempre he tenido, y por ahora he conocido ya a un ruso y un italiano que también lo sufren, el de Dostoievski.

 

Me remonto. A mis trece años empecé a hurgar en la biblioteca de mis padres y encontré “Crimen y Castigo”, palabras sugerentes para alguien que también veía a escondidas “Twin Peaks”. Lo leía en el recreo y como por aquel entonces mis padres me habían mudado a otra escuela y ciudad, pues me sentía culpable respecto a mis amigos, a quienes sentía haber abandonado; era la típica adolescente cabreada con su madre que luego se sentía culpable por decirle de todo y más… Mal genio y culpa…  eso aprendí de Dosto, que así es como le llamo yo. A ese libro, y como en esa época en la que todos creo somos capaces de escuchar en bucle nuestra canción favorita, siguieron “Los hermanos Karamazov”, “Noches blancas”, “El idiota”, “El jugador”… Pero, si un libro de mi amado Dosto me dejó helada y comprendí, quizás en versión teen y afectada por esos 13 años, es “Crimen y Castigo", y con él se me incrustó lo que era la culpa. Así, en mis cuadernos de notas, anoté que un día iría a su tumba en San Petersburgo y le diría de todo, pues ese “sentimiento de culpa” sigue dentro de mí 20 años después. Bueno, ahora ya he hecho las paces con él.

 

Argumento

 

Antes de proseguir os cuento el argumento del libro (esto puede ser también el “Elige tu aventura”. Si ya sabes de qué va, salta a otro ladillo).

El escritor narra el asesinato de una anciana usurera llamada Elena Ivanovna, cometido por el estudiante universitario Raskolnikov, que tenía problemas económicos para continuar con sus estudios. Raskolnikov, después de matar a la prestamista y a su hermana con un hacha, se apodera de todas las alhajas. Luego se deshace del arma homicida y esconde las alhajas en el hueco de un patio, cerca de un edificio.

Los días pasan agobiando al joven criminal con delirios de persecución y pesadillas. Su conciencia vigilante se subleva y no lo deja en paz. La policía lo cita por ciertas dudas que tiene con su persona con relación al crimen de la vieja usurera y, cuando le mencionan el crimen, Raskolnikov se desmaya. Se agrava la salud del joven Raskolnikov y sufre de insomnio por la intensa tensión nerviosa que padece.

El joven se comporta como un loco y pierde los papeles con suma facilidad. Él solo se va delatando por su actitud sospechosa y cree que ya todos sospechan de su persona. En todas partes ve como alucinado un dedo acusador. Raskolnikov vive abandonado a su suerte y es su amigo del alma, Rasumikin, quien lo reconforta y le cambia los andrajos por ropa nueva.

En los momentos mas difíciles, Sonia Marmeladora siempre lo visita, ya que lo ama. Posteriormente, Raskolnikov le confiesa a Sonia que él es el asesino de la usurera; y aunque ella queda tremendamente impresionada, le asegura que jamás lo abandonará y que siempre estará a su lado. Pero la culpa es tal que el joven por fin decide entregarse a las autoridades y confiesa su acto. Un mes después es condenado a 8 años de trabajos forzados de segunda categoría en Siberia.

 

 

Primeros pasos

 

Hará cosa de un par de meses mi padre decidió regalarme un viaje por mi cumpleaños. Decidí que el lugar al que quería ir (también porque he estado trabajando en un libro de Picasso y Dalí – obra de Víctor Fernández, que ya publicó en Elba la correspondencia entre Lorca y Dalí- que verá la luz este otoño y en el Hermitage tienen dos salas repletas de Picasso. De hecho, fue en Rusia donde empezó el éxito del pintor de Málaga) era San Petersburgo.

Añadamos a ello que me he pasado la vida leyendo literatura rusa, de Tolstoi a Gógol, pasando por Chejov o Pushkin y libros basados en esta ciudad como el maravilloso “L’agulla daurada”, de Montserrat Roig, que habla del sitio a Stalingrado y cómo los habitantes de la ciudad salvaron las obras del Hermitage escondiéndolas en el metro. El asedio duró casi 2,5 años y se llevó la vida de más de 1,2 millones de personas, entre víctimas de bombardeos, desnutrición y congelación.

El objetivo de las tropas fascistas era borrar Leningrado (actualmente, San Petersburgo) de la faz de la tierra: acabar con la cuna de la revolución y el símbolo de la cultura rusa sería una solución perfecta para socavar la resistencia soviética. Había otros factores también: era un puerto marítimo estratégico y alojaba la única fábrica productora de tanques pesados, coches y trenes blindados del mundo. Los comandantes nazis analizaron la posible escalada de la resistencia y decidieron matar a la ciudad de hambre.

El pasado enero Rusia conmemoró el 70 aniversario de este acontecimiento.

 

 

Total, y aviso para navegantes, compramos los billetes y luego resulta que volar es barato (unos 150 euros con Vueling) pero necesitas un visado más un seguro médico que te cuesta casi 200 euros más. Estuvimos a punto de no ir, pero ya estábamos enfrascados y una peregrinación así lo merece: 20 años no son moco de pavo.

En definitiva, tras visitar el Hermitage (ni Louvre, ni MOMA ni National Gallery ni Tate Modern ni nada… no hay museo con más obras de Gaughin, Van Gogh, Matisse, Kandinsky, Picasso, pintura flamenca y española en el mundo... todo dentro del llamado Palacio de Invierno, donde además contemplas habitaciones que no tienen nada que envidiar al salón de los espejos de Versalles), situado en la plaza donde se inició la revolución de octubre en 1917, nos fuimos a intentar encontrar la casa donde Dostoievski sitúa la residencia de “Crimen y Castigo”. Dos horas dando vueltas sin suerte, pues allí todo está en cirílico y encima no ponen nombres a las calles (ni mirando símbolos te aclaras).

Hartos, terminamos visitando otras maravillosas iglesias y palacios, el Teatro Mariinsky, donde también puede verse el maravilloso ballet ruso, y nos sentamos en un café delicioso, que constituye mi mayor recomendación de esta ciudad: Est Café (Naberezhnya Krunova Kanala 11). Antes, en mitad de ese laberinto de calles sin solución, compré un libro de Lorca en ruso, para mi amigo escritor.

Resumiendo, me siento en el café, saco el libro para hacerme una foto para mi amigo y whatsappearlo y decido probar la ensaladilla rusa y ver si existe (que no sea como la tortilla a la francesa, mito con nombre absurdo). Aparece un camarero y resulta que habla un poco inglés (Dios, es que creo que en Rusia las palabras “No English” son las que más he oído). Me como una deliciosa ensaladilla, descubro que para ellos se llama ensaladilla Olivier, y acabo dando mi mail a Alex, el camarero, pues adora Lorca y hacía unas semanas había visto en San Petersburgo “La casa de Bernarda Alba”.

Alex Bolsheshalskiy, que también colabora en este artículo, me ayudó (Putin, lo siento, he introducido whatsapp en Rusia) a encontrar todos los sitios de los libros y pasamos una mañana juntos de peregrinación (mi padre, harto de mis quebraderos con Dosto se largó a Peterhof, la residencia de verano de los zares, toda una maravilla que, según él, supera a Schonbrunn en Viena. Desde el majestuoso edificio del Gran Palacio, verdadera obra maestra del arquitecto Rastrelli, desciende una cascada flanqueada por docenas de estatuas doradas que relucen esplendorosas al sol, entre surtidores de agua) por el San Petersburgo de Rasko (también le llamo así, diminutidvo de Raskolnikov).

Primero encontramos la casa en la que se supone que vivía Rasko y mirando, Alex y yo, leemos el libro:

 

“Al día siguiente se despertó tarde, después de un sueño intranquilo que no le había procurado descanso alguno. Se despertó de pésimo humor y paseó por su buhardilla una mirada hostil. La habitación no tenía más de seis pasos de largo y ofrecía el aspecto más miserable, con su papel amarillo y polvoriento, despegado a trozos, y tan baja de techo, que un hombre que rebasara sólo en unos centímetros la estatura media no habría estado allí a sus anchas, pues le habría cohibido el temor de dar con la cabeza en el techo. Los muebles estaban en armonía con el local. Consistían en tres sillas viejas, más o menos cojas; una mesa pintada, que estaba en un rincón y sobre la cual se veían, como tirados, algunos cuadernos y libros tan cubiertos de polvo que bastaba verlos para deducir que no los habían tocado hacía mucho tiempo, y, en fin, un largo y extraño diván que ocupaba casi toda la longitud y la mitad de la anchura de la pieza y que estaba tapizado de una indiana hecha jirones. Éste era el lecho de Raskolnikov, que solía acostarse completamente vestido y sin más mantas que su vieja capa de estudiante. Como almohada utilizaba un pequeño cojín, bajo el cual colocaba, para hacerlo un poco más alto, toda su ropa blanca, tanto la limpia como la sucia. Ante el diván había una mesita”.

 

Os doy la dirección: Stolyarniy 5, edificio construido en 1831. Veréis que ante la casa hay una placa conmemorativa que dice en cirílico: “La casa de Raskolnikov. Los destinos trágicos de las personas de esta localidad de Petersburgo han servido a Dostoevski como base de su sermón apasionado del bien para toda la humanidad”.

 

 

730 pasos

 

Locos por este autor, intentamos entrar y colarnos en el edificio. Tarea imposible. Entonces decidimos hacer los 730 pasos que separaban esa casa del hogar de la vieja usurera (Srednaya Podyacheskaya rue 104). El edificio ha sido reformado, pero la puerta donde se sitúa la acción corresponde al 4º piso y en las paredes veréis pintadas pro-Raskolnikov, incluso una un poco gore que dice “La vieja ya no está, pero todavía la podemos oler”.

 

“No tenía que ir muy lejos; sabía incluso el número exacto de pasos que tenía que dar desde la puerta de su casa; exactamente setecientos treinta (…)  El caserón estaba dividido en infinidad de pequeños departamentos habitados por modestos artesanos de toda especie: sastres, cerrajeros... Había allí cocineras, alemanes, prostitutas, funcionarios de ínfima categoría. El ir y venir de gente era continuo a través de las puertas y de los dos patios del inmueble. Lo guardaban tres o cuatro porteros, pero nuestro joven tuvo la satisfacción de no encontrarse con ninguno”.

 

Con Alex, con quien hablo en francés porque él no es de los de “no english” pero, como muchos en Rusia, habla mucho mejor francés, hicimos una recreación incluso (tengo un vídeo) imitando la secuencia.

 

 

Último estado de “Crimen y Castigo”

 

La amada de Rasko, Sonia, vivía en la ficción en el canal Griboedov 73. “Raskolnikov se fue derecho a la casa del canal donde habitaba Sonia. Era un viejo edificio de tres pisos pintado de verde. No sin  trabajo, encontró al portero, del cual obtuvo vagas indicaciones sobre el departamento del sastre Kapernaumof. En un rincón del patio  halló la entrada de una escalera estrecha y sombría. Subió por ella al segundo piso y se internó por la galería que bordeaba la fachada”.

 

Museo de Dostoievski

 

Al día siguiente, con mi padre acomañándome de nuevo, visito una de las casas donde vivió el autor durante años y donde escribió “Los hermanos Karamazov”. Kuznechny Lane, 5/2, el Museo de Dostoievski.

La familia de Dostoievski vivió aquí desde 1878 hasta la muerte del escritor el 9 de febrero de 1881. El museo muestra la casa del famoso escritor fielmente reconstruida, tal como debía estar el día de su muerte. En el despacho, sobre el escritorio, se puede ver su pluma, la última receta del médico y el "Eugenio Oneguin" de Pushkin, abierto en el capítulo octavo. El reloj está parado en el momento de la muerte del escritor: las ocho y veinte. En la salita están todavía sus cigarrillos, las velas, en las paredes fotografías y algunos cuadros. En el cuarto de los niños se expone un caballo de madera, las siluetas de sus hijos y el libro de cuentos infantiles. También en el museo hay una exposición dedicada a la vida y la obra de Dostoievski.

Lloro y veo a un chico italiano, también con los ojos humedecidos contemplando todo… Hay cartas, libros, una sala entera con fotos y postales de los viajes de Dosto por Europa, su período encerrado en la fortaleza de Pedro y Pablo (la aguja dorada) por revolucionario, su período en Siberia… (como cuenta en “El idiota”). Hablo con el italiano y me cuenta como Dosto había marcado su adolescencia. Es empatía pura. Hay mucho loco (como yo) suelto. Así que le cuento como ir a todos los sitios de “Crimen y Castigo”, pues él tampoco ha logrado encontrarlos. ¡Merci, Alex!

No hay tampoco, y ése era el origen de mi viaje, que dejar de visitar la tumba de  Dostoievski. En el cementerio de Tijvin se encuentran las tumbas de los grandes escritores y músicos del siglo XIX como Dostoievski, claro, Glinka, Musorgski, Rimski-Korsakov, Borodin, Chaikovski o Rubinstein. Dostoievski es muy amado en su país, quizás por la fuerza de su literatura (con Alex recordamos un pasaje de “París era una fiesta”, de Hemingway, donde un personaje pregunta al otro: “¿Te gusta Dostoievski?”. Y el otro responde: “Es horrible, pero increíblemente punzante”).

Quizás por su carácter revolucionario (antes del nacimiento del movimiento bolchevique), quizás por su origen humilde (no como el de Tolstoi) o quizás simplemente por su increíble prosa, es amado y hay numerosas estatuas, así como una estación de metro, con su nombre.

 

 

Otros parajes imprescindibles de San Petersburgo

 

La Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada (o la catedral de la Resurrección), construida por orden de Alejandro III en 1883 - 1907 en el mismo lugar donde el 1 de marzo de 1881 su padre, el zar Alejandro II, el más democrático y humano de los emperadores rusos, perdió la vida a causa de una bomba lanzada por un miembro de la organización "Voluntad del Pueblo". La iglesia fue construida imitando las iglesias antiguas rusas de los siglos XVI - XVII, en un estilo más bien insólito en una ciudad donde dominan el neoclásico y el barroco. El conjunto es especialmente singular, además de por la forma, en especial por los revestimientos multicolores en las fachadas, realizados con ladrillos, cerámica, mármol y granito. Las cúpulas en forma de cebolla, las hornacinas y todo el interior están revestidos de espléndidos mosaicos. La superficie total de la decoración en mosaico alcanza unos 7000 metros cuadrados. Este templo ortodoxo, con sus llamativas formas y polícromas cúpulas rematando las asimétricas torres, constituye bellísimo ejemplo arquitectónico del estilo ruso de la época. Sus nueve cúpulas recubiertas de láminas de oro y de esmalte policromo resplandecen con sus vivos colores independientemente del tiempo que haga. Esta iglesia es uno de los pocos ejemplos conservados en Rusia de edificios de culto de fines del siglo XIX - principios del siglo XX de carácter conmemorativo y de gran valor histórico-artístico.

 

 

La Catedral de San Isaac es obra del arquitecto francés Augusto Montferrand, y es la más suntuosa y grandiosa de las iglesias de San Petersburgo, cuya edificación se prolongó desde 1818 a 1858. La construcción de este colosal edificio fue un reto de ingeniería. Se incrustaron en la marisma miles de pilotes de madera para que sustentaran las 300.000 toneladas de su peso. Las 4 monumentales portadas están formadas por columnas monolíticas de granito de 17m. de altura, con un peso de 114 toneladas cada una. Las tres puertas de roble y bronce, que pesan 20 toneladas, están decoradas con relieves del escultor Vitali y representan escenas de la vida de Cristo y de los santos. La cúpula dorada sobre un elevado tambor cuadrado con columnas, alcanza los 102m. de altura; alrededor hay 4 campanarios y una multitud de estatuas pueblan el tejado. El interior, rico en oro, mármol y bronce, puede acoger a 14 mil personas. El gigantesco iconostasio adornado con columnas de malaquita y lapislázuli, está cubierto de mosaicos; la vidriera del altar mayor representa la Resurrección de Cristo. Entre los testimonios que reconstruyen la historia del edificio cabe destacar una maqueta de madera del sistema empleado para izar las columnas, la reconstrucción de una sección de la cúpula, una maqueta de madera de la iglesia a escala 1/166 y un busto de Montferrand realizado con 14 tipos de mármol distintos utilizados en la construcción de la iglesia.

 

“Es música del deshielo

en ríos primaverales,

llamado de los veleros

que surcan lejanos mares.

Es la Esfinge contemplando

el oleaje apacible,

Jinete de Bronce volando

en su corcel inamovible.

La añoranza que sentíamos

ante el Neva y su misterio,

cuando el negro día batíamos

con noches blancas de fuego”.

(Alexandr Blok, A la Casa Pushkin)

 

 

 

Fechas: Del 21-08-2014 al 31-05-2015

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